Martes de Carnaval

(Los dos verificadores internacionales penetran en el lóbrego zulo, con una venda en los ojos y escoltados por sendos etarras encapuchados. A una señal del que parece el jefe, el otro terrorista –que lleva puestas unas gafas por debajo de la capucha-, les quita la venda a los intermediarios. Estos parpadean unos instantes y, poco a poco, el rostro de uno de ellos se va tiñendo de una expresión de pánico).

VERIFICADOR 1º.- ¡Dios mío! ¡Estoy ciego!

ETARRA 1º.- Joseba, da la luz.

(Se hace la luz en el escenario. La tranquilidad torna a los semblantes de los dos personajes a los que es posible verles el semblante).

VERIFICADOR 1º.- ¡Menos mal! Esto ya es otra cosa. Aunque créanme que les comprendo. Según está el recibo de la luz. Oigan, por casualidad, ¿no serán ustedes directivos de Iberdrola?

(Los dos etarras niegan con la cabeza).

VERIFICADOR 1º.- Pues lástima de oportunidad perdida, porque no negarán que lo que hace esa gente también tiene mucho de terrorismo.

(El verificador 1º comienza a reírse de su propio chiste con una risa convulsiva e idiota. Al darse cuenta de que nadie le sigue la broma, carraspea y recompone el gesto).

VERIFICADOR 1º.- Vayamos directos al asunto ¿Tienen ustedes las armas?

(Uno de los encapuchados abre el cajón de una mesa situada en el centro del escenario y saca del mismo un tirachinas. Se lo entrega al verificador 1º, quien lo examina con suma atención. El verificador 2º extrae una libreta del bolsillo y toma nota).

VERIFICADOR 1º (muy serio).- Procura no perder detalle de nada ¿Alguna cosa más?

ETARRA 1º- Todo a su debido tiempo.

VERIFICADOR 1º.- Cierto, muy cierto. Entretanto, esperemos que acaben tomando conciencia de que es la palabra, y no la fuerza bruta, la mejor arma para defender cualquier idea ¿Están dispuestos a asumir el reto?

(El terrorista que no lleva gafas se queda mirando al otro. Éste hace un gesto afirmativo con la cabeza).

ETARRA 1º.- Lo estamos. Yo, por mi parte, debo confesar que no soy muy leído, pero aquí el camarada Joseba quedó primero en el campeonato de cortar troncos de su pueblo.

VERIFICADOR 1º.- Pasemos, pues, a la fase de enfrentamiento dialéctico. Le cedo la palabra a mi colega, que tiene varios diplomas enmarcados en el hall de su casa. Entre ellos, el de un campeonato de pádel que ganó cuando estaba en el instituto.

(Los dos rivales se ponen el uno frente al otro y se estudian durante unos segundos con gran atención. Son momentos de un silencio tenso, quebrantado finalmente por el etarra de las gafas).

ETARRA 2º.- Hay, como en la novela, una generación perdida en el cine de los Estados Unidos, cuyos representantes corresponden al prototipo del americano errante, a la especie sui generis de ese exiliado intelectual que el país genera permanentemente. Hombres de esta generación son Orson Welles, Nicholas Ray, Stanley Kubrick y sobre todos, colmando el modelo, Joseph Losey, quien casi escapó de su patria en 1951, cuando se le consideraba allí uno de los jóvenes directores más capacitados para no volver nunca. Instalado en Gran Bretaña, es uno de los realizadores norteamericanos que mejor han sabido encajar en las estructuras industriales del otro lado del Atlántico.

VERIFICADOR 2º.- Ordinariamente, se dice que los reptiles son animales de sangre fría, lo que viene a significar que su temperatura corporal está regulada por la del medio ambiente. Resulta por ello más exacto decir que los reptiles son animales poiquilotermos, es decir, de temperatura variable, en contraposición a los mamíferos, que son homotermos, es decir, de temperatura fija.

ETARRA 2º.- Montgomery Clift era un actor inteligente y culto, apasionado por la música y la literatura, dotado de una recia personalidad y de un mundo al margen de la frivolidad mundana propia de Hollywood. Debuta en el cine en 1948 de la mano de Howard Hawks, alcanzando pronto la fama de intérprete que sabe dotar a sus personajes de una gran carga humana y psicológica. En 1955 sufre un grave accidente automovilístico, al parecer intencionado, que desfigura sensiblemente su rostro, encarnando en sus últimas películas personajes trágicos, muy a la medida de su circunstancia patológica.

VERIFICADOR 1º (que ha estado observando al etarra 2º con creciente suspicacia, a medida que pronunciaba su parlamento).- Creo que ya no es necesario que prosigamos con esta farsa, ¡SEÑOR FISCAL!

(El etarra 2º se despoja de la capucha y la txapela, quedando al descubierto la cara del Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce).

TORRES-DULCE (visiblemente azorado).- ¿Cómo han sabido que era yo?

VERIFICADOR 1º.- Sus profundos conocimientos acerca del 7º arte le han delatado. Francamente, nunca pensé que pudiera usted llegar a caer tan bajo. Esta broma no ha tenido ninguna gracia.

TORRES-DULCE (apuntando con el dedo a su compañero, al tiempo que le lanza una dura mirada de reproche).- ¡Él es el culpable de todo! Me hizo creer que precisaba de mi colaboración para estrenar la nueva temporada de ¡Qué grande es el cine!

VERIFICADOR 1º (visiblemente sorprendido).- Entonces usted es…

(El etarra 1º se desprende de su capucha y su txapela, bajo la cual emerge la efigie de José Luis Garci).

GARCI.- ¡Hombre, Eduardo! Tampoco es para ponerse así. Piensa en lo mucho que nos hemos reído.

VERIFICADOR 1º.- ¿Ah, sí? ¿Se creen ustedes muy graciosos? Pues vamos a reírnos un poco todos.

(Los dos verificadores sacan sendos tricornios de la Guardia Civil de los bolsillos, que se colocan sobre sus respectivas cabezas. A continuación, extraen del mismo lugar dos juegos de esposas).

VERIFICADOR 1º.- Agentes de la Benemérita. Quedan ustedes detenidos por fraude y suplantación de identidad.

(José Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce se miran, entre sorprendidos y asustados).

GARCI.- ¿Cómo? ¿Quieren decir que nos van a detener por tan insignificante delito, mientras que, si fuéramos etarras de verdad, no nos detendrían?

VERIFICADOR 1º (disponiéndose a esposar a José Luis Garci).- ¿Es que no han leído los periódicos? Estamos en el medio de un proceso de paz.

(Eduardo Torres-Dulce y José Luis Garci intercambian una mirada cómplice, se encogen de hombros y, como por arte de magia, aparecen sendas pistolas en sus manos, con las que disparan a bocajarro sobre los dos agentes. Éstos caen al suelo, anegados en un gran charco de sangre. Tras asegurarse de que están muertos, Torres-Dulce y Garci vuelven a calarse las capuchas y las txapelas. José Luis Garci –que vuelve a ser el etarra 1º- se gira levemente, encarándose con el público).

ETARRA 1º.- Y esto ha sido todo por hoy, damas y caballeros, en nuestro programa piloto de la nueva temporada de ¡Qué grande es el cine! La próxima semana les ofreceremos Sopa de ganso, de los Hermanos Marx. Les esperamos.

(Se oye la melodía de Desayuno con diamantes, de Henry Mancini, que pone fin al programa. Una señora de la limpieza entra en escena con una fregona y un cubo, dispuesta a arreglar el desaguisado. Fundido en negro. The End).

Jardiel Poncela

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10 pensamientos en “Martes de Carnaval

  1. Phil O'Hara dice:

    ¡Brillante! Brillante por los cuatro costados, don Jardiel. Rendido a su magistral pluma y ya por siempre a sus pies.

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  2. Muy agradecido por su entusiasta reconocimiento a mi modesto ingenio. Espero sinceramente que el Fiscal General del Estado comparta su criterio y no inste el cierre del blog.

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  3. Thoreau dice:

    ¡Vaya fijación que tiene usted con las matanzas y los cadáveres! Su debilidad por el humor negro es absolutamente indecorosa. Nadie debería bromear sobre cosas tan serias.

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  4. Y usted, amigo Thoreau, debería leer más a menudo a Oscar Wilde, quien sabiamente dijo: “La vida es algo demasiado importante como para tomar en serio”. En cualquier caso, es aún peor fingir tomarse las cosas en serio y reírse por dentro. Yo a eso le llamo quedarse con el personal, ¿no cree?

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  5. Thoreau dice:

    Puede que esté usted en lo cierto. Y que la elección de su título no sea casual. De hecho, don Ramón del Valle-Inclán, en la obra homónima de su escrito, dice: “Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben de ser las conversaciones de los muertos al contarse cosas de los vivos”.

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  6. ¡El ínclito don Ramón! Ese sí que sabía…

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  7. Enrique Gallud Jardiel dice:

    Soy nieto de Jardiel Poncela y quiero escribiros. Dadme vuestro correo, por favor, Un saludo.

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  8. Ahí le mando la mía, Enrique. Sepa de antemano que estoy a su entera disposición:

    fmonpaz@hotmail.com

    Saludos cordiales.

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