Seamos felices

Últimamente, cada vez que alguien me dice que soy un pesimista (cosa que me ocurre con bastante frecuencia), voy, saco pecho y replico henchido de orgullo: “¡A mucha honra!” Y es que, con la posible excepción de los tatuajes y los piercings, no encuentro moda más estúpida y aborregada que esta manía que le ha entrado a todo el mundo con lo de ser feliz. “Piensa en las muchas cosas buenas que tienes”, “Hay otros que lo están pasando infinitamente peor que tú” y otras bobadas por el estilo, son retazos de la letanía que oigo a diario y que, francamente, y lo digo a despecho de estos tiempos de laicismo y apostasía rampantes, me aburre bastante más que la del rosario, con su empeño contumaz por caracterizar la vida como “valle de lágrimas”.

Tal y como lo veo yo, este optimismo ramplón de cotillón y matasuegras que pulula por doquier, es una herramienta más de las que se sirve el sistema para entontecernos y mantenernos sumisos, a poco que rasquemos por debajo de la epidermis. Y es que cualquier mente lúcida que se precie, percibirá de inmediato que esta sonrisa beatífica con la que  el Poder (sirviéndose del consabido catecismo de la publicidad) pretende seducirnos, tiene mucho de sonrisa del payaso, siniestra tortura ideada por mentes tan pavorosas como refinadas, consistente en practicar sendas hendiduras con algún objeto punzante en las comisuras de los labios, de tal suerte que en cuanto la víctima abre la boca se produce un horrible desgarramiento. Parecido careto se le está quedando ahora a más de uno, tras haber disfrutado de las prebendas de aquellos años del pelotazo y del “España va bien”. Como no podía ser menos, a todo el que tuvo una actitud mínimamente crítica o escéptica con el sistema, se le tildó de pesimista y aguafiestas, porque ser feliz molaba mazo y había que estar agradecido por la prodigalidad con que la vida nos obsequiaba. Nadie, por supuesto, había leído la parábola del hijo pródigo, ni cayó en la cuenta de que aquello no era la vida real, sino los mundos de Yupi, y que fuera de este país de las maravillas que nos habíamos hecho a medida, está la jungla, ya sea de madera o de cemento, y que tanto en una como en otra no faltan los depredadores, siempre al acecho, cuya táctica predilecta es precisamente la de cebar a la presa antes de llevarla al matadero.

En el medio de este panorama, y aunque parezca contrario al más elemental sentido común, todavía hay quien tiene el cuajo suficiente para afrontar la actual situación con alegría y optimismo y quien, resguardándose bajo el palio de “A mí no me ha tocado todavía” o de “Qué voy a resolver con quejarme”, prefieren inhibirse de todo conato de inconformismo o protesta, rumiando su positivismo con la dócil estolidez de las vacas, a la espera tal vez de que se cumplan esas previsiones de crecimiento económico con que nos bombardean a cada instante la troika y el gobierno, cuyo grado de rigor científico es más o menos tan fiable como el que cabe atribuir a una de esas echadoras de cartas.

Frente a tanto entusiasmo pueril, yo digo que el escepticismo y el pesimismo nos ayudan a mantenernos alerta, siendo ellos los que nos capacitan para prevenir los problemas antes de que éstos nos estallen en la cara, o bien para, una vez llegados a este extremo, tomar conciencia de la gravedad del mal y tratar de buscar una solución drástica acorde con la magnitud del mismo, en vez de contentarnos con el papanatismo borreguil que emanan consignas tales como “Las medidas adoptadas aún no han dado su fruto” o “Hay que ser prácticos y tener espíritu emprendedor”, con las que nuestros líderes políticos pretenden simultáneamente adormecernos y enmascarar su propia incompetencia.

En este contexto, es enervante el número de veces que tengo que oír a lo largo del día el consabido mantra: “No deberías molestarte tanto porque te hayan bajado el sueldo y aumentado el número de horas de trabajo. Al fin y al cabo, como funcionario, tienes la suerte de contar con un sueldo y un puesto fijos”. Como para morirse de risa. Es como si yo le dijera a Kunta Kinte que tiene que estar agradecido por que tan sólo le hayan cortado medio pie, en vez de amputárselo entero. Y si así fuera, seguro que siempre habría algún listo que le animara haciéndole ver que mucho peor hubiera sido si llegan a cortarle los dos. Si hay algo que recuerdo con añoranza de la serie Raíces, que veía de niño, es la enorme dignidad del protagonista al negarse a aceptar su condición de esclavo. Pienso en lo bien que nos vendría a nosotros el poseer tan sólo un ápice de aquella dignidad.

Por ponernos algo menos serios y frivolizar un poco, me viene a la mente cierta escena cómica de una película de Bob Hope, actor que por lo general no me gusta nada, pero que en aquella ocasión debo admitir que estuvo genial. Resulta que el susodicho humorista estaba intentando ligar con una señorita estupenda (¡nada menos que Virginia Mayo!), contándole las tribulaciones que tuvo que afrontar durante su estancia en el país de los caníbales. La mayor de ellas, cuenta con evidente exageración, fue cuando le clavaron una lanza en el estómago que lo traspasó de parte a parte. Cuando la ingenua Virginia Mayo, visiblemente horrorizada, le hace la pregunta “¿Y no le dolía a usted mucho?”, responde Bob Hope como quitándole importancia: “Sólo cuando me reía”. A veces pienso que este país está plagado de antiguos figurantes de las películas de Bob Hope, siempre dispuestos a reírnos de nuestra propia desgracia, aun a sabiendas de que ello nos va reportar, si cabe, dolores más insoportables a la larga.

También pienso que el símil de Bob Hope sería inmejorable si, en vez de atravesarnos las tripas con la lanza, nos la introdujesen por el orificio rectal. A buen seguro que más de uno se seguiría riendo con ganas. Será que le estamos cogiendo gusto a la sodomía, aunque nos desgarre por dentro.

Jardiel Poncela

Anuncios
Etiquetado , , , , ,

2 pensamientos en “Seamos felices

  1. Phil O'Hara dice:

    Por Virginia Mayo me dejaba yo atravesar la tripa, el recto y hasta amputar el otro medio pie de Kunta Kinte. Lo que no sé es si a él le iba a parecer bien.

    Me gusta

  2. Hombre, tratándose de Virginia Mayo y habiendo perdido medio pie, ya puestos… Bien podría hacerle Kunta Kinte ese favor, digo yo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

4 en Línia

Som 4 joves estudiants de Periodisme amb moltes idees per compartir

La Moviola

Crónica deportiva juiciosa y sensata

Football Citizens

La Biblioteca del Fútbol

Descartemos el revólver

[El blog de Juan Tallón]

Bendita Dakota

El blog de Jardiel Poncela y Phil O'Hara.

Damas y Cabeleiras

Historias de un tiquitaquero blandurrio cuyo único dios es el pase horizontal

¡A los molinos!

“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain

EL BLOG DE SOME

Marc Roca, "Some"

contraportada

escritos a la intemperie de Diego E. Barros

A %d blogueros les gusta esto: