Monarquía vs. república

No sé si os habréis enterado de que ha abdicado el Rey Juan Carlos. Tengo pocas dudas al respecto, pues yo tardé aproximadamente una hora en hacerlo, desde que dio la noticia el Presidente del Gobierno, con lo que debí de ser de las últimas personas en saberlo en todo el país. En esto soy como los maridos cornudos. Así que vamos a intentar recuperar el tiempo perdido.

En primer lugar, creo que es prioritario felicitar a toda la progresía del país, que han encontrado un filón inmejorable para salir a la calle, ya que los viejos tópicos de la LOMCE, la ley del aborto y la violencia machista empezaban a sonar un poco rancios. Qué duda cabe de que esto de la abdicación supone una inyección de sangre fresca y para hoy mismo los de Izquierda Unida han convocado una manifestación, que andaban ya con un mono de pancarta que no se tenían. El caso es que uno debe de tener vocación de aguafiestas, o algo peor, y me van a disculpar el que no me una a la fiesta (si no me disculpan, me importa un carajo), pero quisiera llamar la atención sobre un par de cosas. No voy a apelar a la fibra sensible de la gente, recordándoles lo mucho que le tenemos que agradecer a este señor (me estoy refiriendo al Rey Juan Carlos) porque ello sería poco menos que pedirle peras al olmo, tratándose de este país rastrero y miserable hasta más no poder. Tampoco voy a invocar el topicazo del orden constitucional ni otras bobadas por el estilo, pues cabe recordar a este respecto que la reforma del artículo 135 de la Constitución se tramitó en tan sólo 48 horas. Por eso, tranquilos. Ahora bien, me gustaría saber si los que salen hoy a la calle o los que anduvieron quemando banderas españolas (¡en Granada!) el lunes, han tomado en consideración los siguientes aspectos:

1. El Rey es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Tocarle los huevos a la Corona, equivale a tocarle los huevos al ejército, y lo último que necesita este país es otro golpe de estado u otra guerra civil (aunque a lo mejor nos venía bien, para reducir el número de parados). Estos guerrilleros urbanos deberían tener en cuenta que, si es por la fuerza bruta, las de ganar las van a tener siempre ellos, que quedarían además perfectamente legitimados para usarla. Y en una guerra las cosas van mucho más allá de entretenerse quemando banderas o contenedores: allí se mata y se mutila de verdad.

 2. El argumento del caso Urdangarín es hipócrita e inaceptable. Es lo más parecido a lo de dijo la sartén al cazo. Es a la justicia, y sólo a ella, a quien le corresponde depurar responsabilidades en este asunto. Quienes silbaron a la infanta Cristina, o al propio Urdangarín, camino del juzgado, carecen de legitimidad para hacerlo, máxime cuando estos mismos “indignados” (o unos primos suyos) utilizan la doble moral, y en el escándalo de los falsos ERE de Andalucía lanzan sus silbidos e insultos contra la juez que lleva el caso. Produce urticaria sólo el pensarlo. Por otra parte, aun demostrándose la culpabilidad de Urdangarín, no sería de recibo que el estigma cayera sobre todos los miembros de la familia, como en la película Ben-Hur. Nadie es responsable de lo que haga su cuñado. El todavía Príncipe de Asturias ha dado hasta ahora muestras de una trayectoria irreprochable, tanto en lo personal como en lo público. Algo de lo que no pueden alardear el 80% de los posibles candidatos a ostentar el puesto de una presunta presidencia de la república. Si nos ponemos tan escrupulosos en materia de limpieza, debemos empezar por llevar a cabo un concienzudo ejercicio de regeneración de nuestra infame clase política.

3. Da la impresión de que los Cayo Lara, Pablo Iglesias y compañía (siguiendo probablemente el ejemplo de Cuba o Corea del Norte) dan por hecho que, si mañana se instaurara la república, les pertenecería en exclusiva a ellos y, por lo tanto, la presidencia de la misma habría de corresponderles por una especie de mutación del designio divino. A este respecto, es curioso que en una encuesta realizada hace poco por cierto medio de comunicación, al preguntarle a la gente si preferían monarquía o república, la mayoría de los encuestados se decantaban por esta segunda opción. Ahora bien, cuando les preguntaban si seguirían pensando lo mismo en el supuesto de que nombraran presidente de la república, pongamos por caso, a Jose Mª Aznar, la mayoría se echaban para atrás y cambiaban de opinión. A esto le llamo yo coherencia.

Con todo ello no estoy queriendo decir que me oponga a la celebración de un referéndum para que el pueblo se pronuncie libremente sobre el particular. Siempre y cuando se haga desde el respeto más estricto a la pluralidad y sin voluntad de aniquilar al contrario, afán este último que constituye desde siempre el gran vicio nacional. Y sin contaminar el debate con falsos tópicos, que corrompen y distorsionan la realidad. Cayo Lara, por ejemplo, ejerce la demagogia de manera desvergonzada y miserable cuando exige al gobierno que “permita escoger al pueblo entre monarquía o democracia”. Se trata de una perversión infame, puesto que ha sido precisamente la monarquía la que ha dado a este país un período más largo de libertad y prosperidad. Se le ve claramente el plumero a este señor, cuyo lema bien podría ser: “Democracia sí, siempre y cuando se haga lo que yo diga”.

En fin; ya dijo don Benito Pérez Galdós, hace muchos años, que en este país podría implantarse la república, pero nunca el republicanismo. Fue algo que supo ver muy bien el novelista canario, a pesar de su ceguera, tras sus disensiones con Pablo Iglesias (el de la boina, no el de la coleta), que habrían de apartarle definitivamente de la política, al no querer someterse a ningún dogmatismo ideológico. El siguiente pasaje de los Episodios nacionales, escrito prácticamente al final de su vida, resulta terriblemente esclarecedor:

“Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar del presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte”.

Don Benito, cómo odiamos el que los genios como usted siempre tengan razón.

Jardiel Poncela

 

 

 

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2 pensamientos en “Monarquía vs. república

  1. Phil O'Hara dice:

    Si en España hubiera huevos, lo suyo sería declarar un Estado circense: ni monárquico ni republicano; un Circo. El Jefe del Estado sería, claro, un Payaso. Podríamos empezar por nombrar a Felipe y le cambiaríamos el nombre por el de Fofó I. La línea sucesoria iría alternando los nombres de los futuros Payasos mayores del Estado entre Gabis y Milikis. Sería inevitable que empezasen el discurso de Navidad con un “¿Cómo están ustedeees?”, y todo el país, al unísono respondería: “¡Bieeen!”. Tal sería un ejemplo de coherencia de una nación de pandereta. No hace falta decir cual pasaría a ser el himno nacional, ¿verdad?. En efecto: el “Había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón…” Paren este país que yo me bajo en la próxima.

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  2. Señor O’Hara, Dios le oiga. Acaba usted de describir lo que para mí sería el Paraíso. En otra vida, quizás.

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