Había una vez un país

(Una vez que el público se ha acomodado en la sala, comienza a oírse la sintonía de Había una vez un circo. Se abre el telón y aparecen Durao Barroso, Luis de Guindos, Luis Mª Linde y Miguel Ángel Fernández Ordónez, este último atado con una correa y caminando a cuatro patas. Durao Barroso se sitúa en el centro del escenario y se dirige al público, en el que no hay ni un solo niño).

DURAO BARROSO.- ¿Cómo están ustedeees?

(El público responde con una especie de mugido. Luis de Guindos se encamina al centro del escenario.)

LUIS DE GUINDOS.- ¡Pero hombre! ¿Qué manera de recibirnos es esa? Vamos a probar otra vez. ¿Cómo están ustedeees?

(La reacción del público es más o menos la misma. Visiblemente contrariado, esta vez es Luis Mª Linde quien toma posesión del centro del escenario).

LUIS Mª LINDE.- ¡Es que no sabemos preguntar las cosas! A ver, dejadme a mí ¿Cómo están ustedeees?

(Al no mejorar gran cosa la respuesta del público, Durao Barroso se vuelve airado hacia Luis de Guindos).

DURAO BARROSO.- ¿Y ésta es la alegría en las calles de que hablaba tu amiguita Soraya Sáenz de Santamaría? ¡Tú tienes la culpa de todo!

LUIS DE GUINDOS (señalando a Luis Mª Linde).- ¡Mentira! ¡La culpa es toda de él!

LUIS Mª LINDE (señalando a Miguel Ángel Fernández Ordóñez).- ¡No es verdad! ¡La culpa la tiene él!

(Los tres se precipitan sobre el cuadrúpedo Miguel Ángel Fernández Ordóñez y la emprenden a puntapiés con él. Una vez que han descargado su ira, el cuerpo inerte de Ordóñez es retirado del escenario por una pareja de musculosos ujieres. Luis de Guindos recompone la sonrisa y regresa al centro del escenario, acordeón en mano.)

LUIS DE GUINDOS.- ¡Y ahora que empiece de verdad la fiesta! ¡Música, maestro!

(Comienzan a sonar los acordes de “La gallina Turuleta”, magistralmente interpretada por Luis de Guindos. Este mueve las piernas al estilo de lo que lo hiciera antaño el entrañable payaso Fofó. Al llegar al famoso estribillo “La gallina Turuleta ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha puesto tres…”, hace su aparición una gallina gigante, que empieza a sembrar huevos de oro por todo el escenario. Le va siguiendo los pasos Miguel Blesa, quien se encarga de recoger todos los huevos y meterlos en un saco. Cuando deja de poner, Miguel Blesa agarra a la gallina por el pescuezo e intenta meterla asimismo en el saco. La gallina se revuelve y rompe a cacarear violentamente. Es el momento en el que hace su aparición el juez Elpidio Silva, vestido de Supermán.)

ELPIDIO SILVA.- ¡Un momento! ¿Qué se ha creído usted que está haciendo? ¡Suelte ahora mismo a ese animal! (Se dispone a abalanzarse sobre Miguel Blesa)

DURAO BARROSO.- ¡No tolero desórdenes en mi circo!

(Los dos ujieres de antes consiguen frenar a tiempo el ataque de Elpidio Silva, al que propinan una soberbia paliza. Luego se lo llevan a rastras. Mientras tanto Miguel Blesa, que ha conseguido meter a la gallina en el saco, hace mutis por el foro. Durao Barroso se dirige colérico hacia un atemorizado Luis de Guindos.)

DURAO BARROSO (echando a patadas a Luis de Guindos).- ¡Mira lo que has hecho! ¡Tu espectáculo no ha tenido ni pizca de gracia! Creo que ha llegado la hora de obsequiar a nuestro público con un numerito de magia…

(Sale a escena Mario Draghi, vestido con chaqué y chistera, quien, tras dedicar al público toda clase de reverencias, comienza a sacar billetes de 500 euros inopinadamente del fondo de su sombrero y a esparcirlos sobre el suelo del escenario. Esto logra que por primera vez se les iluminen algo los ojillos al público, pero enseguida salen también de la chistera Urdangarín, Bárcenas, Magdalena Álvarez, Jordi Pujol y un largo etcétera de banqueros y políticos con sendos sacos, que abandonan apresuradamente el escenario tan pronto como han llenado éstos de billetes. Ante la mirada fulminante de Durao Barroso, Mario Draghi sale también corriendo, por lo que pueda ocurrir. En el medio de tanto atolondramiento, se deja olvidada la chistera.)

DURAO BARROSO (dirigiéndose al público, claramente apesadumbrado).- Lo siento mucho, queridos niños. Creedme cuando os digo que he hecho todo lo posible…

(Justo en ese momento inundan la sala los acordes del himno de Riego e irrumpen en el escenario Pablo Iglesias y Cayo Lara, portando una gran bandera tricolor. Tras ellos un séquito de guapas majorettes, haciendo juegos malabares con sus bastones. Tan grandioso espectáculo hace prorrumpir al público en una jubilosa ovación, que se ve bruscamente interrumpida al emerger la figura de Cristóbal Montoro de la olvidada chistera de Draghi.)

CRISTÓBAL MONTORO.- Conque tratando de engañarme, ¿eh? Esta bandera, al ser tricolor, tendrá que tributar un 33% más. Eso sin contar la correspondiente sanción por fraude fiscal. Si son tan amables de facilitarme su número de cuenta ¿O van a pagar en metálico?

(Cayo Lara y Pablo Iglesias, cabizbajos y apocados, se llevan las manos a sus respectivos bolsillos, pero por detrás aparece José Antonio Moral Santín, disfrazado de Harpo Marx, y les roba la cartera a ambos sin que se enteren. Los dos comienzan a balbucear excusas ininteligibles, en cuanto se dan cuenta de que están sin blanca.)

CRISTÓBAL MONTORO (dibujando una gran sonrisa lobuna).- ¡Vaya, vaya! Y estos eran los que se metían tanto con mi amnistía fiscal. Menudo par de “espabilaos”. No, no, si ya lo dice el refrán: arrieros somos. Hagan el favor de llevarse esta escoria de aquí.

(Los dos ujieres se llevan a Cayo Lara y Pablo Iglesias, entre los abucheos y protestas del público. Cristóbal Montoro lanza miradas fulminantes a diestro y siniestro, en busca de nuevas víctimas propiciatorias, cuando de repente estallan con fuerza atronadora los acordes de la Marcha Real. Todos enmudecen al ver aparecer a Su Majestad el Rey, don Felipe VI de Borbón, vestido de jugador de la selección española de fútbol y portando un balón de reglamento bajo el brazo y una gran corona sobre su cabeza. Con gran pompa y circunstancia le entrega la corona a uno de los ujieres, para ponerse inmediatamente a hacer malabarismos con el balón, haciendo alarde de una gran destreza. El público le dispensa una calurosa ovación y comienza a corear, enfervorecido, su nombre. Pero justo en lo mejor de la actuación otro balón, que lleva la velocidad de un obús y cuya procedencia se ignora, golpea con violencia la cara del Rey y éste cae desmayado sobre el suelo del escenario. Cesa el Himno de repente y cae el telón, en el que se puede ver pintada la bandera de Chile. El público abandona la sala indignado, profiriendo ruidosos silbidos y abucheos.)  

THE END

Jardiel Poncela

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6 pensamientos en “Había una vez un país

  1. Phil O'Hara dice:

    Magistral, maestro Jardiel, ¡magistral!

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  2. Muchas gracias, señor O’Hara. He estado pensando en recopilar estas humildes parodias en un libelo que bien podría titularse “Diálogos de Besugos”. ¿Qué le parece la idea? Confío tenerle entre mis dos o tres lectores.

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  3. Adrián Montes Pazos dice:

    Al margen de que es muy ingenioso y está bien planteado, el Sr Jardiel Poncela me recuerda cada día más a Jorge Vestrynge (en cuanto a su evolución sociopolítica, se refiere)

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    • Bueno, es la ventaja que tiene el no estar obligados a calentar ningún sillón. Otro gallo nos hubiera cantado sin duda, tanto al señor Vestrynge como a mí, si el señor Fraga o el señor Rajoy nos hubieran ofrecido un puestazo en la dirección del PP. Para qué nos vamos a engañar. Todos tenemos un precio. En fin; mientras sigamos estando libres de pecado, entretengámonos tirando piedras, que es de los pocos consuelos que a uno le quedan.

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  4. Thoreau dice:

    Pues a mí me parece un sainete pésimamente construido, desde el punto de vista dramático. ¿Qué pasa, por ejemplo, con el señor Luis Mª Linde, de quien nadie se vuelve a acordar?

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  5. Tiene usted toda la razón, amigo Thoreau. La respuesta es que el señor Draghi lo hace desparecer mediante un truco de magia. Ello viene a significar que el Banco de España se convierte en una institución completamente irrelevante una vez que el BCE entra en escena. La magia del teatro resulta siempre mucho más coherente que el realismo de la vida real.

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