El agente Smith y el fenómeno de la clonación

Hace poco estuve viendo Matrix, por tercera o cuarta vez. Es una peli que a mí me mola mucho, pues la encuentro enormemente realista. Habrá quien piense que me he vuelto loco, pero debo confesar que me fascinan los numerosos paralelismos con la realidad social en que nos hallamos inmersos, hasta los detalles más nimios: la necia autocomplacencia de quienes dócilmente se aprestan a participar del inmenso fraude, sin atisbar en ningún momento su condición de esclavos o, peor aún, de meros generadores de energía cuya única finalidad es la de servir de alimento al monstruo; la incomprensión por parte de sus congéneres que debe afrontar el que se cuestiona el sistema (personaje encarnado por Keanu Reeves); los traidores de medio pelo como Cifra, dispuesto a vender su primogenitura por algo más que un plato de lentejas y, por último, los implacables guardianes cancerberos del tinglado, dirigidos por el ubicuo agente Smith.

Para quienes no hayan visto la película, el agente Smith es una especie de antivirus, cuya finalidad es neutralizar a los saboteadores infiltrados procedentes del mundo exterior, que consiguen introducirse en la realidad virtual de Matrix con el propósito de destruirla y así liberar a los seres humanos de su ignorada esclavitud. El agente Smith posee la capacidad de suplantar a cualquier software (es decir, puede ocupar el espacio virtual reservado a cualquiera de las mentes integradas en el monstruo informático, adoptando su forma) y desde allí destruir a los intrusos. Esta idea me trae a la mente a los innumerables sucedáneos del implacable cancerbero que transitan por la vida real, en los que yo a menudo no puedo por menos que ver la imagen metamorfoseada del agente Smith, con sus mil posibles caras. En esta reflexión no me propongo despotricar contra los que detentan el Poder, porque tanto montan (puede que incluso monten más) los millares de lameculos y mierdecillas de tres al cuarto que velan por la seguridad del sistema, desde cualquiera de sus múltiples atalayas. Están por todas partes estos clones, aunque no se los perciba a simple vista, y solo les faltan las gafas de espejo y que les doble la voz de Constantino Romero para que el parecido con el agente Smith sea perfecto: desde el mero funcionario de a pie que se regodea al comunicarte que te falta tal o cuál papel para tramitar la prestación por desempleo, hasta los catedráticos y decanos de facultad, que se permiten decidir quién vale y quién no, quién pertenece a la élite académica o cultural y quién es indigno de frecuentarla, en función de que se les haya adulado lo bastante o de que el aspirante en cuestión tenga unos padrinos adecuadamente solventes. Hace poco se me recriminó en mi lugar de trabajo por haber utilizado el servicio de correo interno para divulgar una información acerca de una charla-debate sobre un tema que, al parecer, no cuenta con la aquiescencia oficial. Cuando yo le pregunté al agente Smith de turno en qué ley se prohíbe expresamente dicho uso del correo electrónico, no supo que responderme. Es evidente que en ninguna, pero también es evidente que hay una ley no escrita, invisible e intangible, por la que se gobierna cada uno de nuestros actos, y que todos debemos acatar incondicionalmente, si no queremos que caiga sobre nosotros el estigma de la maldición del Poder. Lo de menos es que haya una ley de rango superior (e.g., la Constitución española, donde viene recogido, entre otros, el derecho a la libertad de expresión) que contravenga el dictado arbitrario y dogmático del mierdecilla en cuestión, siempre al servicio del poder invisible de Matrix. Como dijera Ionesco: “Preguntas sin respuesta, ¿quién las puede contestar?”

El lector sagaz que haya visto, además, la película, se estará preguntando por otro importante paralelismo: ¿Quién hace en el mundo real de Neo? Para los profanos, Neo es el protagonista de la película, al que todos consideran “el Elegido”, una especie de Mesías llamado a dinamitar la tiranía de Matrix. Puede que nosotros, con nuestro borreguismo insensible y aquiescente, no merezcamos que venga a sacarnos las castañas del fuego un liberador de estas características. No sé si no será mucho pedirle a Pablo Iglesias y a los chicos de Podemos. O tal vez lo sea Daniel Yun, ese llanero solitario del mundo de las finanzas, que es al parecer quien se oculta tras el testaferro de Gotham City, misteriosa entidad que ha puesto al descubierto el descomunal fraude urdido por el ciudadano Jenaro García, que era como Robin Hood pero en espabilado, robando a los ricos para quedárselo él. Pariente cercano, seguramente, de Luis Bárcenas, quien en un momento dado se cansó de hacer de cartero del PP y decidió quedarse con algo del contenido de los sobres que él repartía. Coño, a ver qué va a haber de malo en robar a ladrones, se dirían estos prójimos. Trincar o no trincar, he ahí el dilema. Hasta que aparece Batman y acaban trincándole a uno. Todo esto mientras la CNMV y el MAB se metían las manos en los bolsillos, miraban distraídamente para el techo y se entretenían silbando inocentes tonadillas.

Olvidábaseme decir que, en las secuelas de Matrix, el agente Smith, cansado de hacer de barrendero para otros, decide en un momento dado suplantar al Poder y convertirse él mismo en el amo del cotarro virtual. Por mucho que digan de la prostitución, no me cabe la menor duda de que el choriceo es el oficio más antiguo del mundo, y de que la zorra acaba por no conformarse con las gallinas y queriendo hacerse con todo el corral, y hasta con la granja completa. Ya sean vicio o profesión, las dos vocaciones mencionadas tienen un punto de convergencia bien claro, que podría resumirse en la siguiente disyuntiva: joder al prójimo o ser jodidos por éste.

Queda, pues, inaugurado este burdel.

Jardiel Poncela

 

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2 pensamientos en “El agente Smith y el fenómeno de la clonación

  1. Phil O'Hara dice:

    En estos tiempos de tristeza infinita pues ya terminó la Copa del Mundo, sólo nos faltaba la pluma inmisericorde suya para hundirnos un poco más si cabe -y siempre cabe- en la miseria más absoluta. Como diría el sabio, “qué nos queda ya, este grillo abatido no puede ahora cantar…” Deseando que pase de una jodida vez la canícula, Jardiel.

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  2. Ya sé que le afecta especialmente la canícula, y no sólo por cuestiones climatológicas. Por tierras leonesas el ambiente anda también muy caldeado, y no lo digo sólo por el subidón de los termómetros. Le invito a entrar en mi muro de Facebook y sabrá de qué estoy hablando. Un consejo: procure no alejarse mucho con su portátil de la taza del wáter, so pena de que no le dé tiempo a llegarse hasta allí a desalojar la pota.

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