Peter Pan en el país de Nunca Hamás

Me ha dicho un pajarito que el próximo día 12 de Septiembre Izquierda Unida piensa convocar una manifestación a favor del pueblo palestino. Naturalmente que no soy quién para prohibirlo y aunque lo fuera no lo haría, solo faltaba, en un país donde está reconocido el derecho a la libertad de expresión. Lo malo es que, con demasiada frecuencia, cierto sector de la izquierda de este país se olvida de que tal derecho no puede ser en modo alguno unilateral, y que ellos deben ser igualmente respetuosos con quienes no compartan sus dogmas y adopten una actitud crítica frente a algunos de sus postulados. De lo contrario, estarán incurriendo en el mismo pecado de intolerancia del que ellos mismos fueron víctimas durante el régimen anterior. No se puede meter en el mismo saco a todo el mundo, pero a veces da la impresión de que el revanchismo con tintes estalinistas prevalece en las filas de cierta izquierda no solo por encima de todo auténtico sentimiento de justicia, sino hasta del propio sentido común.

Sirva esto de preámbulo para aclarar de antemano, frente a tanto paletismo fanático, que a mí me preocupa la situación del pueblo palestino tanto como al que más. Pero que no pienso ni acercarme por la susodicha manifestación, pues mucho me temo que lo que inicialmente está previsto como un acto de rechazo a la brutalidad de la guerra en su conjunto (cosa con la que estaría completamente de acuerdo), acabe convirtiéndose en un ritual de adhesión a las tesis fundamentalistas de Hamás. Y, como diría John Lennon en su canción Revolution, para eso conmigo que no cuenten. La violencia asesina de esta organización (marca palestina del Estado Islámico, que tan siniestras atrocidades ha venido perpetrando a lo largo de los últimos meses tanto en Siria como en el norte de Irak) admitiría parangón con el holocausto nazi o con el Gulag soviético. Ellos fueron los que empezaron este sarao, asesinando a tres jóvenes completamente inocentes (diecinueve años tenía el mayor de ellos), y recientemente han sido los causantes de la muerte de un niño de cuatro años, sin que se oiga la más leve palabra de condena por parte de los convocantes de la manifestación del día 12. La permanente política de hostigamiento de Hamás hacia Israel, con lanzamientos ininterrumpidos de cohetes desde la franja de Gaza sin garantizar la seguridad de la propia población palestina, es un acto de fanatismo ciego y criminal, propio de mentes retorcidas como la de Hitler, quien no vaciló en sacrificar a millones de sus compatriotas para ver realizado el sueño imposible de un III Reich que durara mil años (por cierto, ¿sabía alguien que los países árabes apoyaron a los nazis durante la 2ª Guerra Mundial?). Por no hablar de las ejecuciones sumarias de gente de su propio pueblo, acusados de un cargo tan impreciso como el de “colaborar con Israel” (y culpables en realidad, como imagino, de mostrarse críticos con la violencia insensata de Hamás).

Dicen que va a haber una mesa redonda en la Plaza de San Marcelo el día de la manifestación para debatir el tema. Me da la risa. Para que haya debate, el primer requisito que debe darse es que haya confrontación de diversas posturas ideológicas, y desde hace tiempo la izquierda en este país ha renunciado a todo atisbo medianamente racional de establecer un debate sosegado y serio, en el que sean los argumentos y no las consignas los que lleven la voz cantante. En este y en otros temas, como pueden ser el aborto o la custodia compartida. Rápidamente recurrirán a la agresividad verbal para disimular su falta de un discurso coherente, en lo tocante a un sinfín de cuestiones. A cualquier amago de crítica responderán colgándote el sambenito de “fascista”, para espetarte a continuación su reproche estrella: “Cómo se nota que eres del PP” (haber votado o no al PP es lo que constituye para ellos la línea divisoria entre el bien y el mal, siendo ellos los que se arrogan gratuitamente el derecho de situarte a uno u otro lado de la raya; os aseguro que sé de lo que hablo). De poco servirán tus protestas, alegando que pueden leer, si lo desean, cualquiera de los muchos artículos en los que demuestras el mucho “cariño” que sientes por Rajoy o por Montoro. Doy las gracias a Dios (lo cual es en sí el mayor de los pecados; por supuesto, hay que hacer profesión inequívoca de ateísmo si aspiras a tenerles contentos, y proclamar a los cuatro vientos que todos los curas son un hatajo de pederastas) de que no tengan a mano un fusil Kalashnikov, pues muchas veces pienso que ciertas personas no dudarían en apretar el gatillo si tuvieran ocasión de ello, como hacen los sicarios de Hamás con los disidentes palestinos.

Dice Schopenhauer en uno de sus Aforismos sobre el arte del buen vivir que es una pérdida de tiempo intentar aconsejar a los necios, pero ya que estoy de vacaciones y lo que me sobra es tiempo, allá va mi consejo para quien esté dudando acerca de si ir o no ir a la manifestación: las cosas serias hay que tomárselas en serio y, quien opine como Oscar Wilde o yo mismo que la vida es algo demasiado importante como para tomarse en serio, mejor que se quede en casa viendo Sopa de ganso, de los Hermanos Marx, donde al menos no se verá en el engorroso trámite de tener que contener la risa.

Me encanta esa escena en la que Chico Marx, espía contratado por Louis Calhern para espiar a Groucho, le da a su jefe el informe detallado de su gestión: “El primer día logró engañarnos, él fue a ver el partido y nosotros no; el segundo día, le engañamos nosotros a él, nosotros fuimos y él no; el tercer día nos engañamos todos y no fuimos ninguno…

El cuarto día llovió y nos quedamos oyendo el partido por la radio”.

Jardiel Poncela

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2 pensamientos en “Peter Pan en el país de Nunca Hamás

  1. Phil O'Hara dice:

    ¡Por Dios, Jardiel! Entre manifestarse por casi cualquier asunto o ver una de los Hermanos Marx, la cosa está clara. Si a quienes tenían previsto acudir a esa cita les da por leerle, a la manifestación van a ir tres. Lo gracioso sería que fuesen caracterizados de Chico, Harpo y Groucho.En ese caso este país tendría aún esperanza. Mis respetos.

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  2. Podían incluso ser cuatro, y el cuarto ir caracterizado como Zeppo, aquel hermano que no pintaba nada. Su única aportación importante es cuando Groucho le pide consejo sobre cuál es la mejor forma de insultar a su rival (Louis Calhern). Zeppo le dice algo al oído y Groucho responde propinándole una sonora bofetada y espetándole indignado: “¡Debería darle vergüenza! ¿Quién le ha enseñado semejante grosería?” A lo que Zeppo responde, frotándose dolorido la mejilla: “Fue usted, señor”. Celebro verle de vuelta por aquí, Mr. O’Hara.

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