Su billete, gracias

Ya nadie habla de la magia de viajar en tren. Hasta eso se ha perdido. Antaño no había novela en la que al personaje no le sobreviniese la aventura más insospechada mientras iba montado en un tren de esos que unían dos insignificantes capitales de provincia en un trayecto tan emocionante al menos como la vida misma y mucho más largo. Como en las Estaciones Provinciales de Luis Mateo Díez, que relata vidas atadas a una estación, lugar mítico, cubierto en las obras del entonces genial narrador leonés de un permanente halo de misterio donde siempre, ya fuese de madrugada o en noche cerrada, la espesa niebla que jamás se disipaba del todo acompañaba la escena. Cualquier personaje mataría por aparecer en una de aquellas novelas de Luis Mateo; tomándose una última copa de mistela acodado en la barra mugrienta del bar de la estación, porfiando por huir de un pasado turbio sin lograrlo, a la espera de la llegada del siguiente tren, del que tampoco verá bajar a la mujer a la que continúa en vano esperando. Incluso Homero, de haber podido, ¿alguien duda de que hubiese subido a Ulises a un tren, haciéndole atravesar toda Grecia, la Itálica, las tierras francas y quién sabe si hasta llegar a la mismísima Santiago de Compostela de haber existido por aquel entonces? Ulises evitando el descarrilamiento del tren, empecinado en impedir que choque contra el muro de piedras que al desprenderse invadió la vía; Ulises y el cíclope, en la cubierta del vagón de cola, a mamporro limpio; Ulises tratando de hacer entrar en razón, él, el héroe, al severo revisor que no atiende a ellas y le exige impertérrito su billete, o tomando una última copa en esa estación provincial. Pero ya se sabe, el tiempo, las fechas, siempre limitándolo todo. La buena de Penélope hubiese podido andar tejiéndole algo más ligero que las inclemencias de los mares poco o nada tienen que ver con la relativa calma y comodidad que ofrece un viaje en tren, ni que sea desde Itaca hasta Galicia.

Si echo la vista atrás no me resulta difícil recordar alguna escena de mi vida ligada a un tren o a una estación. Cuántas vivencias no nos retrotraen a ello. Es posible que muchos no olviden Extraños en un tren, la genial cinta de Hitchcock. Yo no he sido capaz aún de borrar de mis recuerdos una infame película de serie B que llevaba por título Pánico en el Transiberiano, protagonizada por Christopher Lee, Peter Cushing y Telly Savalas. A ese film debo cierto resquemor a viajar en tren. A un viaje de juventud desde León hasta Gerona en el Estrella Galicia que no haya vuelto a poner los pies en uno. Y aún así añoro a veces su magia y me gusta, como a mi sobrino, sentarme a verlo pasar mientras reflexiono sobre el tránsito del tiempo o sencillamente pienso que acaso cualquiera de esos trenes sean metáfora de las vidas de algunos: un sinsentido; una huída desbocada y absurda siempre adelante; sin lugar a detenerse a recapacitar hacia dónde nos lleva ese viaje, con la chocante sensación de haber sacado un billete de tercera y sin arrestos suficientes para apearse en la parada siguiente. <<En la próxima me bajo>>; es posible que las palabras resuenen en la cabeza, pero sigues sin atreverte a bajar. La seguridad o la rutina reconfortan y te conformas con ver pasar a través de la ventana verdaderas oportunidades que dejarás escapar sin remedio. Por más que a veces el destino parezca echarte un cuarto a espadas, te has quedado sin altura de miras.

En el pueblo de pequeño solía acercarme al apeadero a ver pasar el tren y envidiaba a los afortunados viajeros que proseguían su peregrinaje; anhelaba en secreto ser algún día yo quien viajase lejos de allí en ese tren, hacia una vida distinta, plena, que mereciera la pena ser vivida. Y hoy, montado por fin en él, no sé muy bien hacia dónde me lleva este estúpido viaje al tuntún. A Ulises le esperaba al menos Penélope. Aunque lo cierto es que de haberse siquiera llegado a imaginar el bueno de Ulises leyendo cualquiera de las últimas novelas de Luís Mateo Díez de vuelta a Itaca vía Madrid, yendo de Vigo hasta la capital en un trayecto de más de diez horas y cuarenta y tres paradas, la última cosa que se le hubiese ocurrido es hacerlo en tren; en uno de Renfe, al menos. O sea, que de hacer caso del héroe de la Odisea, lo mejor será irse olvidando de trenes, estaciones y metáforas y de leer a Luis Mateo Díez; de viajar, tratar de hacerlo como el griego en barco; en uno de esos magníficos cruceros a ser posible, o si no en calesa, que también debe tener su aquel, y en todo caso contentarnos con releer las grandes novelas del autor leonés, perdida toda esperanza de que vuelva a escribir nada igual.

Phil O’Hara

Anuncios
Etiquetado , , , , , ,

2 pensamientos en “Su billete, gracias

  1. Yo diría que la épica de los trenes es inversamente proporcional a su glamour. Aquellos entrañables viajes en tercera de antaño, en que la gente se llevaba el bocadillo de chorizo y la jaula con las gallinas (que no sé para qué coño servían, pero eran inexcusables) eran toda una fuente de inspiración poética. Ahora es todo aburridamente perfecto, con la película de vídeo y la azafata ofreciéndote amablemente una copa de champán. Aunque debamos admitir que se viaja más a gusto. Será que nos vamos volviendo prosaicos con la edad.

    Me gusta

  2. Phil O'Hara dice:

    Eso y que las últimas novelas de Luís Mateo son infumables. Cada vez que publica una nueva juro por lo más sagrado que ésa será la última que compre. Llevo leídas doscientas páginas de “La soledad de los perdidos” y pienso darle a lo sumo veinticinco o treinta páginas más. O mucho me equivoco o no acabo la novela. ¡Dios, qué cruz!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

4 en Línia

Som 4 joves estudiants de Periodisme amb moltes idees per compartir

La Moviola

Crónica deportiva juiciosa y sensata

Football Citizens

La Biblioteca del Fútbol

Descartemos el revólver

[El blog de Juan Tallón]

Bendita Dakota

El blog de Jardiel Poncela y Phil O'Hara.

Damas y Cabeleiras

Historias de un tiquitaquero blandurrio cuyo único dios es el pase horizontal

¡A los molinos!

“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain

EL BLOG DE SOME

Marc Roca, "Some"

contraportada

escritos a la intemperie de Diego E. Barros

A %d blogueros les gusta esto: