Enero de buenos propósitos

Principiar enero y malvivir es todo uno y la misma cosa. El día uno tienes bula, pero llega el dos y hay que sentarse y enfrentar la blanca hoja de papel con intención de elaborar, este año por fin, la lista de buenos propósitos, y otros no tanto, del año que acaba de nacer. Parece fácil; siempre lo parece al principio; pero a día cuatro la lista esbozada tiene más tachones que renglones bien puestos; lo que anteayer te parecía obvio hoy ya no lo es y mañana seguro que será un borrón más. Además, si confeccionar la dichosa lista es tarea penosa, cumplir con algo de lo que se salve del tachar será más trabajoso todavía; directamente imposible, vaya. La estrategia, ideada tiempo atrás, no mucho antes de las doce campanadas, de los cuartos incluso, parecía infalible -resulta curioso como la alegría de determinados momentos llega a fortalecer las teorías al punto que, bañadas en mares de espiritosos licores, vinos y ginebras, resisten cualquier falsación- parecía infalible, decía, pero hoy hace aguas y de nada sirve estructurar bien la lista y tratar de agrupar los propósitos previamente divididos en temas. Empiezas a escribir y en Salud y deporte insistes en poner, claro, lo de acudir al gimnasio o, por si eso falla (consciente de tus limitaciones, ya lo has tachado), pones lo de salir a correr (tachado también) o ni que sea a caminar (¡si tampoco irás!). Prosigues con lo de no abusar de los dulces, ni de las grasas, ni por supuesto del alcohol. También tachado. En Aprendizajes varios colocas lo del inglés y el francés, solfeo, cocinar y mantener la boca cerrada. Esto último quizá debería figurar en un apartado distinto y lo tachas, pero no olvidas que lo deberías incluir en la lista. Hay que decidirse entre la lengua de Shakespeare o la de Molière; no ha sido sino la vanidad lo que te ha llevado a incorporar las dos. Lo mejor será tacharlo todo y decidirte después. En Actividades culturales escribes ver solamente cine en versión original. Eso te ha quedado bien. Lo relees con satisfacción, orgulloso. Sabes perfectamente que con ver cine sería suficiente; más realista al menos. Haber añadido no ir a ver películas dobladas agrega una dificultad a lo ya laborioso de por sí; pero puedes permitirte alguna licencia. Sigues. Si viajas, ver museos. Habrá, pues, que destinar en la lista un capítulo a Viajar. Pero si debe figurar viajar en la lista de propósitos, habrá que decidir qué destinos, los pueblos, las ciudades, los países, hasta los continentes, y la manera de viajar, cuándo hacerlo, cómo sufragar los gastos de esos viajes, qué llevar en la maleta y qué maleta llevar; incluso saber si va a hacer falta pasaporte o no. A la que levantas la cabeza del papel y echas una mirada a la lista te das cuenta de que es un paisaje más poblado de tachaduras que de otra cosa. La perspectiva que ese vistazo te ofrece es descorazonadora. Acobardaría a cualquiera; también a ti. A ti especialmente. Entonces recuerdas haber leído a un ilustrado -y a no mucho correr los días apuesto a que también ilustre- gallego de nación, un brillante artículo que rezaba por título Haga una lista. Allí iban apareciendo uno detrás de otro ilustres -ellos ya sí- escritores como Scott Fitzgerald, Mark Twain, Roland Barthes, Borges o Georges Perec entre muchos más que habían elaborado en sus obras todo tipo de listas, con esa maestría reservada tan sólo a las más grandes plumas. Pero claro, hay que ser como Perec para ponerse a confeccionar una lista perfecta de buenos propósitos; de otro modo te queda incompleta. Y lo que es todavía peor, no sabes quién hay que ser para, una vez hecha, cumplirla. Cabe siempre, eso sí, emular en algo a Juan Rulfo y conformarte con una lista de solamente dos propósitos: el primero, como también dejase dicho Tallón, despedir a tu jefe; mandarlo a la mierda, con buenas maneras. Y el segundo, el segundo propósito mejor lo piensas más detenidamente, que no es cuestión de precipitarse. Una lista de tan sólo dos cosas tiene la ventaja de la brevedad pero por ello sería bueno no equivocarse. Si mediado el mes de enero sigues sin decidirte siempre podrás dejar la cosa en una escueta lista de un único propósito, reconfortándote, además, con la idea de haber emulado casi al gran escritor mejicano. Él escribió dos libros; pero, claro, él era Rulfo.

Phil O’Hara

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4 pensamientos en “Enero de buenos propósitos

  1. Yo pienso llevar a rajatabla lo del alcohol y las grasas. Naturalmente, dentro de este apartado no incluyo los vinos en el Viña con su correspondiente ración de callos, que en breve espero degustar en su compañía, señor O’Hara. Ello interferiría claramente con el apartado de hacer más vida social, que también he incluido en la lista. Para resolver el dilema, he incluido en el último renglón de la lista el propósito de no hacer más listas. Bien pensado, las listas son una mierda. Hacer listas es, si cabe, más incongruente aún que lo que le decía Cantinflas a su hija en aquella película en la que hacía de bombero: “Acuéstate, hija, que mañana tengo dos o tres incendios muy importantes”.

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  2. Phil O'Hara dice:

    Cómo no estar de acuerdo con tan sabias palabras, Jardiel. Las únicas listas que yo y acaso Alonso Quijano salvásemos de la quema, serían la de los reyes godos y la de las tapas que con gran fruición y mayor deleite nos merendaríamos el andante caballero y un servidor de vuesa merced. En esa lista no habrían de faltar, claro está, los callos, ni tampoco las patatas, cocidas y bravas o fritas, ni el caldo, gallego o del otro, ni los calamares a la romana, ni la cecina, los mejillones, el jamón ni el queso, la tortilla, las croquetas, el chorizo, ni por supuesto la morcilla.

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  3. Adrián Montes dice:

    Puestos a incluir un toquecito de superficialidad podríamos incluir la lista de fichajes que este año hará el FCB. Esa no hace falta tacharla

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  4. Phil O'Hara dice:

    Muy cierto, con no hacerla la daremos por hecha. Digo yo que las más altas instancias balompédicas dejarán al menos hacerse con algún entrenador sensato. Yo con eso me conformaría. Anda que la travesía por el desierto que nos espera no va a ser larga ni nada…

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