El portal de la cuesta de las Carbajalas

gallo Hurgando entre mis cosas apareció en un cajón un texto que debí escribir hace ya un tiempo. He querido que se pasase por Dakota, lugar hospitalario como pocos donde todo es bien recibido siempre. Ha bastado con peinarlo para la ocasión. Las fechas venían al pelo, por cierto.

– Con ese redoble no se puede llevar el paso. Tiene mérito que no lleguen todos cruzados. Tanta modernidad no puede ser buena. ¡Dios bendito, así no hay quien puje! Ni el Gallo va a dar bien la curva este año; al tiempo.

Esas fueron, tras los buenos días, sus primera palabras ese Viernes. Fiel a la cita, apurada la mistela en la Plaza del Grano, Mario esperaba desde muy temprano en el portal, el último antes de la curva, en lo alto de la cuesta de las Carbajalas, enfilando casi Castañones. Fernando y yo preferíamos ver salir antes al Nazareno, y acudir luego al portal. En boca de Mario ése era el mejor emplazamiento desde donde ver la procesión de los Pasos. A sus más de sesenta años se vanagloriaba de no haber dejado de verla pasar jamás, y presumía de ello. Tamaña hazaña -afirmaba- le permitía decir que el portal de la cuesta era ideal para ver el desfile. Y si el sitio era magnífico, los comentarios de Mario, que sabía cuánto podía saberse de la Semana Santa de León, lo hacían inmejorable .

-¿No os dije? La Oración siempre anda bien. Sin ser el mejor pujado, que es el Gallo, en veinticinco años jamás vi al primer paso dar la curva a trompicones.

-¡No fastidies, Mario! ¡La vara derecha no se ha comido la esquina de milagro! -protestó con vehemencia Fernando.

-Calla, anda. Ese Seise conoce bien su oficio. Apura, sí, para que no se pierda el paso y dar la curva como mandan los cánones: meciéndolo como si de una delicada pluma y no de esa mole se tratase. Ya verás como el Prendimiento se detiene en mitad de la maniobra y pasa a trompicones, los braceros dando voces, el Seise el que más; si lo sabré yo. Siempre igual…¡Miento! dos años, en el ochenta y cuatro y en el ochenta y cinco, milagrosamente el Prendimiento dio la curva como ninguno. Aquel Seise sabía lo que se traía entre manos; sin dar una voz, mandando con la vara, el paso corto, raseando. Mil trescientos quilos a hombros y parecía flotar sobre las calles. Esas dos veces, ya desde Hospicio, se notaba algo extraño: el segundo paso se acercaba extrañamente bien, como sólo lo hacía el Gallo. ¡Para que digan que el Seise no pinta nada! Nunca más he visto dar la curva bien al paso de Estrada. Mirad, por ahí sube y ya va mal.

No me daba la sensación de que el Prendimiento anduviese peor que la Oración, aunque al pasar frente al portal iba algo cruzado y dando la curva la vara derecha golpeó la pared, por lo que el paso tuvo que detenerse un par de veces. La maniobra para encarar Castañones no fue de las más elegantes que se recuerdan, pero Mario exageró al cargar contra el Seise.

-¡Ese Seise no merece la vara que lleva! ¡No sabe dirigir el paso! Cosas como  ésta van a acabar con nuestra Semana Mayor.

-Vamos hombre, ten piedad -intervine más por temor a que las voces de Mario llegasen a oídos del pobre Seise que por estar en desacuerdo-; el paso llegaba cruzado y no era fácil reconducir la situación. El Prendimiento pasó con más dignidad que acierto, pero dignamente a fin de cuentas. Y esta vez el Seise no ha dado una sola voz -añadí conciliador.

-Si es que le tienes manía al paso -apostilló Fernando por echarme un capote.

-Ten por seguro, hijo, que a todos los pasos estimo por igual. No me mueve más afán que la mayor gloria de ésta nuestra querida procesión. Y la curva que ha dado el Prendimiento, las cosas como son, no es de recibo. Debo acaso recordarte aquellas sabias palabras del más ilustre cronista de la ciudad, don Máximo Cayón Waldaliso, a propósito de…

-¡Dejad en paz al Prendimiento y atended! -no tuve más remedio que interrumpir la perorata de Mario- La joya de la corona marcha como nunca; o por mejor decir, como siempre. Ese paso gana el cielo cada Viernes Santo. No valen todos los Gregorio Fernández juntos lo que la Flagelación a hombros por las calles de León. ¡Silencio! En nada vamos a ser testigos de otro momento inmortal; más estrecha y cerrada fuese esa curva que el Gallo iría por ella igual que va por la calle Ancha. ¡Así se puja un paso!

Y ninguno de los tres mediamos palabra hasta que hubieron pasado la Coronación y el Ecce Homo. Mario nos inculcó esa devoción especial por la puja de la Flagelación; por el prodigio que obran cada Viernes Santo sus braceros, meciendo igual por callejuelas que por anchas avenidas el Cristo de Becerra. Mario, además, no desperdiciaba ocasión para enaltecer el fino quehacer del cincel de Gaspar, toda vez que no apreciaba en demasía aquel otro de Melchor, de gubia gorda, decía -forzada ocurrencia tras la cual soltaba una sonora risotada.

Los demás pasos fueron recibiendo frente al portal desiguales elogios por parte de Mario amén de algún comentario mordaz sobre el ornamento floral del trono. No faltó alguna simpática anécdota que podía o no venir a cuento. Los cuatro años que vimos la procesión en compañía de Mario son inolvidables. Tanto tiempo después sigo conservando un recuerdo nítido de ellos. Sea como fuere, en parte debo a Mario, a su manera de ver y sentir la procesión de los Pasos, que volviera a pujar el Prendimiento. Dos veces le vi desde el brazo, pero no acerté a saludarlo, de lo que me arrepiento. Cada Viernes Santo, al llegar a la Plaza del Grano abrazo todavía la vana esperanza de reencontrarlo en el portal. Conservo su recuerdo y rezo para que el Prendimiento vuelva a flotar, como hiciera en aquellas dos ocasiones, sobre las calles del casco antiguo de León; ese sería el mejor homenaje que pudiera tributar a Mario.

Phil O’Hara

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4 pensamientos en “El portal de la cuesta de las Carbajalas

  1. Julián López-Arenas González dice:

    Me encanta el escrito; me trae gratos recuerdos de la Semana Santa que por segundo año consecutivo dejo de vivir. El pasado, forzado; éste, no tanto, pero me duele no acompañar la procesión desde el principio hasta el final guardando en mis fotos, más o menos afortunadas, la vivencia de estas fechas que, desde pequeño hasta ahora, formaron parte de mis orígenes no olvidados. El próximo año no faltaré y confío en que me podré sentirme acompañado de hijos y nietos como tantas veces… Disfrutad ahora y contádmelo después.

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  2. Enhorabuena por tan magnífico artículo, que, vive Dios, me resulta harto familiar. Su lectura me ha animado a decidirme este año por disfrutar la Procesión de los Pasos desde el consabido rincón de la Cuesta de las Carbajalas (o de los Castañones, que nunca lo he tenido claro). Quién sabe. A lo mejor tengo hasta la suerte de reencontrarme con esos Mario y Fernando a los que usted menciona. Un fuerte abrazo, señor O’Hara.

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  3. Phil O'Hara dice:

    Recuerde, Jardiel, llevar puesta desde casa la mistela. Me cuentan que el establecimiento -un efecto más de la modernidad, supongo- ya cerró. Mientras quede limonada… Saludos y hasta pronto ya.

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