Archivos Mensuales: agosto 2015

Wag the Dog

peanuts-snoopy-clip-art-176100

Recuerdo haber visto hace algunos años (en realidad fueron muchos años, pero es que el tiempo transcurre más deprisa a medida que uno se hace mayor), una interesante película protagonizada por Robert De Niro (antes de reconvertirse en bufón) y un espléndido, como siempre, Dustin Hoffman. Se estrenó en España con el título Cortina de humo, cosa lógica, teniendo en cuenta que el título original, Wag the Dog, (“Menea al perro”, en español) contiene una alusión cultural que nada le diría al espectador de nuestro país. Dicho título hace referencia al proverbio inglés “Cuando veas a un perro menear el rabo, asegúrate de que no es el rabo el que menea al perro”. Creo que el significado de esta frase enigmática quedará perfectamente explicado, tan pronto como hagamos la sinopsis del argumento.

El presidente de los Estados Unidos se ve envuelto en un oscuro escándalo sexual, cuando los paparazzi le sorprenden teniendo relaciones con una menor, en plena campaña para la reelección. Para tratar de arreglar el desaguisado, la Casa Blanca recurre a un astuto jefe de gabinete (Robert De Niro), que diseña una original estrategia: inventarse un imaginario conflicto internacional (Albania resulta ser el país elegido) con el que distraer la atención de la opinión pública. Para ello contrata los servicios de un experimentado productor de cine (Dustin Hoffman), quien pone todo su empeño y su buen hacer en crear una atmósfera lo bastante persuasiva como para investir a la monumental farsa de la necesaria verosimilitud. Este plan (disparatado, en apariencia) logra resultados sorprendentes. Casualmente, justo un año después de que se estrenara la película, se produjo el sonado escándalo que habría de empañar la reputación de Bill Clinton, quien fue objeto de impeachment por mantener relaciones extra-matrimoniales con la becaria Mónica Lewinsky. Y también casualmente, en el verano de ese mismo año (1998), tuvo lugar el atentado de Al Qaeda contra la embajada norteamericana en Kenia, al que Estados Unidos replicó mediante el bombardeo de una planta química en Sudán, sospechosa de fabricar armas de destrucción masiva (¿a alguien le suena esto familiar?) Tal actuación no logró detener el procedimiento de impeachment, pero sí se consiguió el objetivo de distraer la atención de la opinión pública americana y ayudó a Clinton a recuperar sus anteriores niveles de popularidad. Por lo que a mí respecta, no pude evitar acordarme del argumento de la película. Y llegué a la conclusión de que no siempre es exacto afirmar que la ficción imita a la realidad, sino que muchas veces es ésta la que se asemeja sospechosamente a aquélla.

Yendo al fondo del asunto, cabe preguntarse hasta qué punto la era de la revolución más grande que hasta ahora haya tenido lugar en el ámbito de la información, no ha tenido su contrapeso en el de la desinformación. Las nuevas tecnologías de la comunicación  ofrecen la ventaja innegable de mantenernos informados al instante de todo lo que pasa, pero también constituyen un filón enormemente provechoso para el propagador de bulos o para el manipulador sin escrúpulos. Y también, cómo no, para el ocultador de información. Porque la propia tarea de seleccionar y presentar la información lleva implícito un proceso previo de manipulación, las más de las veces claramente tendencioso. En los telediarios, por ejemplo, se dedica gran parte del tiempo a los deportes o a las noticias sobre eventos gastronómicos, pero ni una palabra a los desahucios o a los suicidios producto de la desesperación que éstos provocan. Ni a los mendigos que mueren, víctimas de la inanición o de la miseria, un día sí y otro también, en nuestras calles. Un reportaje sobre Master Chef o sobre la canción del verano acapara bastante más atención en los informativos. Y así podríamos sumar y seguir: los devaneos independentistas de Artur Mas sirven para borrar la larga estela de corrupción del presidente de la Generalitat de Cataluña; los suicidios de Leganés hacen lo propio con los atentados del 11-M (hay que ver lo oportunamente que se autoinmolaron los presuntos autores intelectuales del mismo); se habla por lo menudo de las víctimas de violencia de género, pero no se “desperdicia” un solo segundo en mencionar a los muchos padres que se han quitado la vida al privárseles de ver a sus hijos (tanto es así, que la ministra Leire Pajín llegó a prohibir que se hicieran estadísticas al respecto)…. ¿Para qué seguir?

Me gustaría terminar como empezamos, con un par de referencias cinematográficas que vienen a cuento: en El show de Truman, el siniestro y paternal Cristof (magistralmente interpretado por Ed Harris) acalla los temores de sus colaboradores sobre un eventual despertar de la criatura que él considera suya, alegando que “aceptamos la realidad tal y como nos la imponen”. En Juan Nadie, cuando el perverso empresario D. B. Norton (Edward Arnold) le impide a John Doe (Gary Cooper) pronunciar su discurso y éste se queja, apelando al derecho a la libertad de expresión, aquél le replica cínicamente: “Por supuesto que en este país existe el derecho a la libertad de expresión; pero nosotros controlamos los micrófonos”. El caso es que tanto Truman como John Doe consiguen romper finalmente el cerco de la censura y hacer llegar su mensaje a la gente (que no es otro que el ansia de libertad), demostrando con ello que la realidad impuesta por quienes detentan el Poder no es, ni mucho menos, la única posible.

Sé lo que más de uno (tal vez) estará pensando: que no debería ver tantas películas.

Jardiel Poncela

Etiquetado , , , , , , , , , , ,
4 en Línia

Som 4 joves estudiants de Periodisme amb moltes idees per compartir

La Moviola

Crónica deportiva juiciosa y sensata

Football Citizens

La Biblioteca del Fútbol

Descartemos el revólver

[El blog de Juan Tallón]

Bendita Dakota

El blog de Jardiel Poncela y Phil O'Hara.

Damas y Cabeleiras

Historias de un tiquitaquero blandurrio cuyo único dios es el pase horizontal

¡A los molinos!

“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain

EL BLOG DE SOME

Marc Roca, "Some"

contraportada

escritos a la intemperie de Diego E. Barros