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Tallón o de las listas

JARDIEL PONCELA, PHIL O’HARA, JUAN TALLÓN, DIEGO BARROS, RAFA CABELEIRA.

Jardiel.- Claro que recuerdo el episodio, Phil. Fue en el Viña, ¿no es cierto, mi querido amigo?

Phil.- En efecto, fue allí, Jardiel. Y recordarás que Tallón defendía a capa y espada que no existía algo tal como una lista de los cien mejores libros.

Jardiel.- Lo recuerdo muy bien, aunque creo que en verdad nuestro admirado Tallón no hablaba en serio cuando afirmaba tal cosa. No tengo yo por relativista a Tallón.

Phil- ¿Pero cómo será eso? Deberíamos atenernos a sus palabras, ¿verdad, Jardiel? ¿A qué otra cosa si no? Si hemos de entender por lo que dice Tallón no lo que en efecto afirma sino su contrario, entonces ¿cómo habremos de creer en la  existencia de algo como lo cierto y lo falso, querido Jardiel?

Jardiel.- Sí debiéramos creer que existen lo cierto y lo falso; no quieran los dioses otra cosa, Phil. Si pudiéramos discutirlo ahora con él, ten por seguro que Tallón nos sacaría de dudas. Es más, estoy convencido de que Tallón nos permitiría hasta la licencia de que en la siguiente línea -o dos más allá- lo hiciésemos aparecer como si fuese lo más normal, viéndolo entrar por esa puerta acompañado de su buen amigo Diego Barros.

Phil.- Ya puestos a pedir licencia, podría acompañarlo también Rafa Cabeleira, amigo de Tallón también, y de ese modo si llega el caso de que la conversación sobre filosofía o literatura acaba por cansarnos, podríamos departir sobre balompié, si ello no ha de molestarte, mi buen Jardiel.

Jardiel.- Ya sabes, Phil, que confieso sin rubor mi absoluto desconocimiento de ese deporte que dicen rey; no lo comprendo. En ese menester vine al mundo con igual genética, me temo, que mi hermano Adrián, que a pesar de gustarle tampoco parece entenderlo en demasía; pero descuida, llegado el caso, como dices, os oiría con placer hablar sobre carrileros, medios centros, achique de espacios, triangulaciones y otras figuras geométricas que sí creo entender y que al parecer tanto tienen que ver con el juego del balón.

Phil.- Pues muy bien, hagamos que entren Tallón, Diego Barros y Cabeleria.

Jard.- ¡Queridísimos amigos! Decidme, ¿qué os trae, gallegos, por estas vecinas tierras de León?

Tallón.- Pues como no lo sepas tú, Jardiel.

Jardiel.- Claro, es cierto. Antes que nada, dejadme que os invite a limonada, corto o caldo; con tapa o con caldo de tapa. ¿Qué os apetece, decid?

Phil.- Creo, Jardiel, que estás mezclando las historias…

Diego.- Un corto con tapa para mí, Jardiel.

Cabeleira.- Limonada con caldo.

Tallón.- Corto también para mí; con tapa.

Phil.- Un caldo, Jardiel; pero con tapa. De otro modo sería un caldo al cuadrado.

Jardiel.- Esteban, ya oíste a estos señores: cinco limonadas con tapa ¡marchando!

Phil.- Jardiel, sin más premura deberías, creo, explicarle a Tallón cuál es el motivo que le trae de nuevo al Viña. Si recuerdas…

Jardiel.- Lo recuerdo, Phil; perfectamente. Dinos, Tallón, ¿es cierto que afirmas en tu obra Cien Libros Peligrosos que no crees que exista una lista de cien obras, digamos maestras, mejores por lo tanto que de la ciento una en adelante? En tal caso, deberíamos poder concluir que cualquier obra, la que sea, incluso una de Protágoras o de Paco bien podría formar parte de dicha lista, puesto que no habiendo cien mejores, todas podrían figurar allí. ¿Sigues mi razonamiento, Tallón?

Tallón.- Hombre, Jardiel. Seguirlo, sí lo sigo; pero te diré, sin ánimo de ofender ni asomo de acritud, que tu razonamiento es una mierda. El sistema decimal, deberías saberlo, no deja de ser pura convención. De haberse implantado, por ejemplo, un sistema duodecimal, mi libro bien pudiera haberse titulado Ciento ocho Libros Peligrosos, ¿no te parece?

Phil.- Me parece, Tallón, que Jardiel aceptará ese razonamiento. ¿Verdad, Jardiel?

Jardiel.- ¡Cómo no he de aceptarlo!, viniendo de quien viene convendré que son palabras sabias; y es de recibo hacer caso de quien habla palabras sabias. Pero, dime, Tallón, ¿tus amigos y tú podríais aceptar, a vuestra vez, que…

Diego.- Yo lo que creo es que o en esa lista falta un libro, y entonces debería ser una lista de ciento un libros, o sobra uno, mas con el que digo que falta seguirían siendo cien.

Phil.- ¿Y di, qué obra falta, según a ti te parece, Diego?

Diego.- Cien Libros Peligrosos. El libro de Tallón es una lista de cien grandes libros, pues yo afirmo que Cien Libros Peligrosos debería figurar en Cien Libros Peligrosos. El libro con la lista contendría así el libro con la lista.

Cabeleira.- No sé si Tallón estará muy de acuerdo en eso, Diego.

Jardiel.- Esteban, pon cinco limonadas más, ¡con tapa!

Phil.- Jardiel, llegados a este punto creo que podemos zanjar la cuestión de las putas listas y ponernos a hablar de fútbol, ¿no te parece?

Jardiel.- Como os plazca, querido Phil. Diego nos ha sacado del apuro al decir que el libro de Tallón debiera estar en la lista, ya responda ésta al sistema decimal o a cualquier otro, y es cuanto precisábamos oír. Ea, pues, amigos, obremos así, puesto que así lo indican los dioses.

Y así fue que Jardiel se levantó y marchó del Viña, dejando a sus amigos discutiendo de fútbol, no sin antes haber convenido con todos ellos que se volverían a encontrar luego en el Celso para cenar y dar cuenta de su tortilla de patatas, su ensalada, su picadillo, su jamón cocido, su morcilla y sus postres caseros; regándolo todo con buen vino del Bierzo y departiendo sobre váteres, sobre filosofía y sobre literatura hasta caer borrachos si fuese menester.

https://descartemoselrevolverdotcom.files.wordpress.com/2014/10/avance-22libros-peligrosos22.pdf

Phil O’Hara

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Venancio tiene twitter

A Venancio le conocen y estiman todos en el pueblo, especialmente desde que es una celebridad. A no ser en los días más calurosos del estío, cuando tan insoportable se hace la canícula, siempre anda con la boina calada. Desde que tengo uso de razón -discutible eufemismo pues dudo que la tenga o la use bien- no recuerdo a Venancio faltando un solo día al Viña, el bar que regenta Olvido. Invariablemente fiel a su cita, llueva o nieve o arrecie el cierzo, Venancio se vanagloria de no haberle hecho nunca oídos sordos a su llamada. Hay cosas sagradas, dice con gesto grave, y tomarse un blanco y jugar la partida con Galo, Benito y Tarso, vive Dios que lo son; como también lo es esmerarse en no madrugar nunca demasiado o irse del bar sólo después de que Olvido haya resuelto que va siendo hora de bajarle la persiana al local. A la partida de cartas sigue la charla, a la que acaban por sumarse todos los días Onésimo y Pascual, si no sabios, esforzados contertulios al menos, siempre dispuestos a despachar alguna arenga con la que arreglar el mundo desde esa modesta tribuna que es la mesa sobre la que aún descansa el verde y raído tapete. En la tertulia la voz cantante la llevan los demás; Venancio, adusto y parco en palabras, cuando abre la boca acostumbra a ser para sentenciar; acháquenlo mitad a que el paisano suele atinar, mitad a la notoriedad recientemente granjeada. Aunque no es el único feligrés con carné de primera; don Severino, el párroco septuagenario que lleva más de media vida oficiando en el pueblo, acude también a diario después de misa de once a tomar la mistela y dar solaz a vista y alma contemplando los volúmenes de Olvido, antaño tan bien proporcionados y que a pesar del paso de los años aún conservan una más que razonable armonía; si quien tuvo retuvo, esa mujer hoy de carnes no tan prietas, debió tener mucho y bien.

-Don Severino, apure la mistela y aparte la mirada, no vaya a ser que el Altísimo se lo tenga en cuenta.

– Olvido, mujer, a mi edad; si el vasito de mistela y verla con tanta salud es regalo del Señor por los servicios que uno ha cumplido.

-Déjese de monsergas don Severino y ándese usted con cuidado que el diablo merodea por donde uno menos lo espera.

Con la pensión que le quedó a Venancio de sus años en la mina le llega para vivir y encima permitirse algunos desembolsos extraordinarios. Y él, que desde mozo manifestó querencia por saber y facilidad para las letras (para algunas al menos), envidó sus escuetos ahorros como mejor creía que iban a rentarle: aprendiendo idiomas; y en ello puso tal empeño que acabó políglota. Como en el pueblo ni el chino ni el inglés iban a aprovecharle gran cosa, se decantó por otras lenguas, si no tan cultas, que le iban a resultar de mayor utilidad: la de las aves -aficionado como era a los pájaros- y la de los canes -para hacerse entender por Matías, el leal perro pastor que siempre le acompaña-. Además de aprender lenguas, Venancio se aficionó a las tecnologías que llaman nuevas -como si todas las otras fuesen tan antiguas- y en el caserón del siglo pasado heredado de sus padres puso ordenador, periféricos y conexión a internet con wifi y todo y, siendo parco en palabras y sabedor del lenguaje de los pájaros, uno comprende que no abriera cuenta en Facebook, sino en Twitter. Ciento cuarenta caracteres le sobran las más de las veces porque lo suyo es retuitear. Gracias al Twitter Venancio se ha hecho famoso en toda la cuenca. Incluso Olvido le ha propuesto ir colgando en el Viña sus trinos más celebrados; que a Venancio, según reza la actualidad, así le da alguna vez por poner un tuit y las más de ellas por un retuit. Aquí en el pueblo, que para estas cosas de la modernidad somos más bien obtusos, un figura como el Venancio, políglota y maestro de las redes, qué quieren que les diga, le llenan a uno de orgullo. En la comarca todos saben que Venancio tiene Twitter. Siguiendo su cuenta todavía somos pocos; pero no hay día que no asomen por el bar aldeanos de las villas vecinas a leer el último retuit de Venancio que Olvido habrá colgado junto al retrato de Rufino, su difunto esposo, y ya de paso, tomarse un vino y ayudar a engordar así -que buena falta le hace- la flaca caja del Viña.

Phil O’Hara

                                                                                                                                                                                                                                                                      

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

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